Sendero de descubrimiento - Circuito pedestre en Dompierre du Chemin

        

Al borde de la carretera de Laval, a la salida de Dompierre du Chemin, el famoso Roland, que fue Prefecto de las Marchas de Bretaña, hubiera superado alguna vez con su caballo el intervalo de cien metros que separa dos peñascos y eso, incluso repetidas veces.

Una primera vez, fue para el "Buen Dios" y un salto de su corcel le lanzó en la roca opuesta. Una segunda vez, fue para la "Buena Virgen" y un esfuerzo del generoso palafrén le volvió a llevar al lugar de donde había salido: por fin, intentó saltar una tercera vez para "su Señora" pero fue para su desgracia. El infortunado Roland y su corcel cayeron al fondo del precipicio y perecieron en su caída.    

Todavía,  se ve grabadas las huellas de una herradura en la piedra que vienen como prueba de aquella leyenda. Sin embargo, como sólo representan la mitad de su forma, se observa juiciosamente que en este sitio, la pata del caballo de Roland deslizó cuando saltó para su señora.

No lejos de ahí y en el mismo macizo de peñascos, se encuentra la "piedra chorreante" así llamada porque destila continuamente gotas de agua transparentes que caen en una cuenca profundamente cavada en la roca. Las gotas de agua no serían más que las lágrimas de la señora inconsolable del paladín que llorará su amado hasta la hora del juicio final.

Todavía en este sitio, una piedra cierra la entrada de un maravilloso palacio subterráneo lleno de inmensos tesoros. Sólo se puede desplazar esta piedra la mañana del día del San Juan, mediante una varilla de avellano. Se puede entrever el espectáculo mágico, pero un enorme dragón impide el acceso.  

Aquí están las leyendas que, pues, animan este espacio natural mágico y misterioso. Clasificado espacio protegido, usted descubrirá de manera sucesiva acantilados abruptos y plantaciones de bosques frondosos. 



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